El desarrollo histórico de la Fábrica de Paños Bellavista puede agruparse en cinco periodos. El primero va desde su fundación en 1865, cuando Guillermo Gibson Délano instala las primeras máquinas textiles en lo que era el molino Bellavista, hasta 1923, cuando Carlos Werner se establece como propietario principal y administrador de la fábrica. Durante estos años se realizó la canalización que recorre el límite sur de la fábrica, utilizada en el proceso de producción textil. Contratos importantes con el Estado de Chile hicieron que la fábrica elaborara los uniformes de los soldados chilenos de la Guerra del Pacífico.

La época dorada corresponde al periodo de propiedad de los alemanes que va desde la administración de Carlos Werner hasta la compra por Teófilo Yarur en 1962, periodo en el que la fábrica llegó a suplir cerca del 77% de la demanda textil de lana del país. La recuperación y reconversión económica del país luego de la crisis de 1929, que implicó el desarrollo de la industria nacional con el objetivo de sustituir las importaciones, dio lugar al auge de la producción, que posicionó a la fábrica como un espacio de trabajo y de integración social estratificado. Esto favoreció el desarrollo de un sentido de protección y de bienestar por parte de algunos empresarios, que comenzaron a invertir en la mejora de las condiciones de vida de sus trabajadores. Para ello construyeron poblaciones para sus obreros y empleados, equipamiento de salud, deportivo y de esparcimiento, además de fomentar la sociabilidad y una disciplina laboral caracterizada por vínculos paternalistas y de protección.

En la década de 1960 se intentó modernizar la producción y reducir los costos asociados al bienestar, políticas que fueron resistidas por los trabajadores de la empresa, dando lugar a procesos de movilización que antecedieron a la expropiación de la fábrica en 1970, constituyéndose en la primera en ser expropiada por la Unidad Popular.

Entre 1970 y 1979 la empresa funcionó como una cooperativa de trabajadores, que producto de dificultades sociales y económicas colapsó, siendo adquirida por la familia Ascuí. Hasta la quiebra en 2007 la fábrica se orientó a la exportación; se integraron la Sociedad Nacional de Paños Oveja y la Fábrica Textil Bellavista, formando la Fábrica de Paños Bellavista Oveja Tomé. Tras el auge exportador experimentado a comienzos de 1990, la crisis económica de 1997 afectó considerablemente la situación financiera de la fábrica, que cerró sus faenas en 2007. En 2010 la fábrica fue reabierta, operando hasta la fecha en una escala muy reducida.

En términos urbanos y arquitectónicos, el complejo se organiza en relación al proceso productivo de las telas, que tiene dos fases principales, el cardado y el peinado. En el núcleo del conjunto se encuentran los edificios más antiguos, destinados al tratamiento “húmedo” de la materia prima, como el edificio de lavado, tintorería y apresto. En sus bordes se emplazan los inmuebles de administración y del proceso “seco” de la manufactura -peinado, tejeduría y cardado-, además de los edificios de generación de energía, como la subestación eléctrica y la planta térmica. Un carro o andarivel aéreo recorre prácticamente todos los edificios productivos, desde el de tejeduría hasta el de peinado.

Fuente: Página web del Consejo de Monumentos Nacionales.